Julián Carrillo sabía que era un hombre “marcado”. Vehemente opositor de las concesiones mineras en las tierras de su comunidad, en el Estado de Chihuahua,
México, había sobrevivido al asesinato de cinco miembros de su familia en dos años y al incendio de su casa. Julián
había recibido numerosas amenazas de muerte antes de que su cuerpo fuera encontrado acribillado el 24 de
octubre de 2018.1