La defensa de los derechos humanos ha estado marcada históricamente
por la violencia y la criminalización contra quienes la llevan a cabo.
Sin embargo, por medio de las múltiples historias de lucha por la dignidad y la justicia en la región mesoamericana, se ha puesto de manifiesto que las mujeres enfrentan violencias y formas de criminalización específicas,
con efectos también diferenciados, determinados por las desigualdades
de género y por las diversas opresiones que viven a diario en los territorios donde desarrollan sus luchas. Las desigualdades sociales y económicas, su identidad étnica, sus condiciones de discapacidad y su edad se intersecan de tal manera que la criminalización ejercida en su contra la viven de forma diferenciada, incluso entre ellas mismas.